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Data Science, Investigación de Mercados, Politica

Seguro que muchos recordaréis haber visto “rankings” de candidatos o partidos políticos basados en menciones o seguidores en las redes sociales. Hace unos cuantos años, llamaba la atención, e incluso se destacaba mucho en la prensa tradicional, especialmente durante las campañas electorales. En los últimos años ya no se ven o destacan tanto porque era fácil asociarlos a encuestas y estimaciones de voto, que en el caso de las redes sociales, obviamente, no se correspondía con los resultados finales.

Desde la óptica de la medición y el análisis de redes sociales, hemos evolucionado en los últimos años desde una medición muy básica: contar seguidores de los candidatos y sus menciones por parte de otros usuarios, a un análisis más sofisticado basado en el contenido y sobretodo en el grafo social.

Por lo que respecta a los contenidos políticos e ideológicos: la tendencia actual en las redes sociales es a favorecer la generación de contenidos con alto contenido emocional, un contenido que favorece la polarización. Si eres usuario habitual de Twitter y Facebook estás acostumbrado a “memes” y a respuestas más o menos ingeniosas a noticias o mensajes de personajes y entidades famosas. Llevado a sus formas extremas, imágenes sacadas de contexto, retocadas e incluso “fake news”. Éste contenido se comparte y difunde masivamente en el grafo social.

Pero ¿quien compone el grafo social? ¿como impactan y se distribuyen los contenidos? La analítica social media se ha centrado en los últimos años en comprender que tipos de perfiles podemos distinguir en las redes sociales, empezando por distinguir a personas de otras “especies” (cuentas falsas, más o menos automatizadas (“bots”), generadas por programas o usuarios que persiguen objetivos de difusión de contenidos orientados a objetivos políticos, ideológicos o similares). De ésta manera es más fácil analizar campañas orquestadas por grupos que pretenden influir en política, especialmente en los asuntos más conflictivos como el “Brexit”, “Gilets jaunes”, …

Pero una vez se han distinguido las personas reales del resto, lo interesante realmente es analizar el grado de polarización de cada nodo (perfil de la red social) y su posición en el grafo (lo que determina su papel y afinidades). De ésta manera podemos identificar individuos o colectivos más partidarios o incluso radicalizados en una posición, de aquellos que mantienen posiciones más equidistantes, ambiguas o que no han expresado opinión. Éste tipo de análisis nos permite conocer que nodos están mejor conectados y por tanto son más efectivos en la difusión de contenidos.

Desde el punto de vista de las campañas políticas, los usuarios más partidarios de la causa se consideran difusores de los mensajes de la campaña, y los usuarios más neutrales se consideran el objetivo del mensaje. También hay que tener en cuenta que las campañas o mensajes a difundir, pueden ser “en positivo” (a favor de nuestro partido y objetivos) o pueden ser “en negativo” (en contra de otro partido y sus objetivos). Es habitual ver mensajes negativos que contestan inmediatamente a los mensajes de partidarios de otras opciones políticas, para contrarrestar el efecto original.

Los principales objetivos de la analítica avanzada en social media aplicada a las campañas políticas son identificar colectivos o “nichos” de usuarios indecisos respecto a una temática política importante y proponer el modo más eficiente posible para hacer llegar el mensaje del partido.

Las campañas políticas acumulan cada vez mayor experiencia en las redes sociales, y también las técnicas y herramientas de análisis se han sofisticado mucho. Probablemente en el ciclo electoral que se inicia veremos ejemplos de ésto.

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